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Ichcateopan y los restos de Cuauhtémoc
02-22-2013, 06:10 PM
Mensaje: #1
Ichcateopan y los restos de Cuauhtémoc
Ichcateopan y los restos de Cuauhtémoc
Eduardo Matos Moctezuma

Diego Rivera coloca los huesos sobre una sábana y dibuja la silueta del cuerpo de Cuauhtémoc. Investigaciones posteriores demostraron que se trataba de restos de ocho individuos y que el cráneo era femenino.

Foto: Eliseo Salmerón
[Imagen: ixcateopan1.jpg]


El de los restos de Cuauhtémoc es uno de los casos más polémicos en la no pocas veces díficil relación entre la investigación arqueológica y el uso que para su conveniencia hacen de ella los políticos. Con sólidos argumentos científicos, Eduardo Matos deja claro que los huesos encontrados en Ichcateopan no pertenecen al afamado tlatoani y nos enseña que tal idea se sostuvo porque así convenía a los gobernantes en turno.

“¡…Y ya solamente esperamos a que lleguen los miembros del inah para que de una vez por todas digan que aquí se encuentran los restos de Cuauhtémoc…!” Con estas palabras terminaba su discurso un diputado local ante la presencia del “señor gobernador” del estado de Guerrero, que por entonces lo era Rubén Figueroa, y del pueblo de Ichcateopan, reunidos una soleada mañana de 1976 en que se visitaría el lugar donde se encontraba el montículo arqueológico que se suponía cubría el palacio de Cuauhtémoc.

A estas palabras siguieron cohetes, música de la banda y la petición a los presentes de que esperaran un poco para el arribo de los arqueólogos del INAH, los que, en realidad, ya habíamos llegado pero creímos prudente esperar detrás de la iglesia para que no se nos quisiera comprometer pidiéndonos que dijéramos algunas palabras ante la multitud.

Poco después nos acercamos al gobernador y nos hicimos presentes. De inmediato se ordenó que fuéramos al lugar donde se hallaba el montículo y hacia allá nos dirigimos entre reiterados cohetes, música y grupos escolares. Visto el lugar y expresadas las necesidades para comenzar las excavaciones, nos dirigimos a la comida que se tenía preparada para tal acontecimiento.

En medio de la comida, el señor gobernador nos dijo: “Todo cae por su propio peso. Por eso esperamos que hagan pronto su trabajo y digan que aquí está Cuauhtémoc para que puedan regresar a la capital, pero con cabeza…”

Aquellas palabras en boca de tan connotado personaje hicieron que a Jorge Angulo, director del Centro Regional de Morelos-Guerrero, a Juan Yadeun, arqueólogo que se encargaría de los trabajos de excavación, y a mí, miembro de la Comisión para la Revisión y Nuevos Estudios de los Hallazgos de Ichcateopan, se nos atoraran los ricos tacos de mole en el pescuezo. Y no era para menos, pues bien sabíamos cómo se las gastaba tan conspicuo personaje…


UN POCO DE HISTORIA

En 1949 se dio a conocer, a nivel nacional, la noticia de que en el pueblo de Ichcateopan, Guerrero, se habían encontrado los restos óseos del emperador Cuauhtémoc. Los trabajos de excavación estuvieron a cargo de la historiadora Eulalia Guzmán, quien se precipitó a realizar las excavaciones sin contar con la técnica suficiente, pues quien había sido comisionado para tal fin por el arquitecto Ignacio Marquina, por entonces director del INAH, era el arqueólogo Carlos Margáin, quien no llegó a tiempo al lugar.

En 1949, doña Eulalia realizó diversos sondeos tanto en la iglesia dedicada a San José como en la de Nuestra Señora de la Asunción, lugar en que ocurrió el hallazgo. En 1951, doña Eulalia volvió a excavar el montículo arqueológico ya mencionado y, conforme a las fotos del periodista Eliseo Salmerón que pudimos reunir, la falta de técnica es evidente en todas sus intervenciones. Se nombró una comisión que finalmente presentó sus resultados y dio pie a la controversia, pues unos aseguraban que no había duda de que se trataba de los restos del último emperador azteca, en tanto que otros tenían severas dudas acerca de esto.

Un dato fundamental para lo que venimos tratando es saber si los pisos que cubrían la fosa que contenía los restos óseos y la placa de cobre estaban intactos, ya que de ser así lo encontrado debajo de ellos estaría perfectamente sellado. Sin embargo, no fue así. No hubo controles arqueológicos durante el proceso de excavación, ni un diario de campo en que se llevara el registro de lo que se hacía día con día. Tanto Carlos Margáin como Jorge Acosta, arqueólogos comisionados al lugar después de realizadas las excavaciones, coinciden en señalar que no hubo controles arqueológicos.

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